De pronto algo interrumpió aquella tranquilidad. Era un ruido fuerte y ensordecedor, algo como un motor de un camión o quizás un ómnibus que fue acompañado por unas luces amarillas y potentes, que cegaban nuestros ojos, aquellas luces pasaban muy rápido y no nos dejaban tranquilos.—¿Que pasa?, ¿Que es eso?— Exclamo mi padre al mismo tiempo que se ponía de pie.
Todos lo miramos sin saber que contestar. Al instante el ruido y las luces desaparecieron. Lo cual calmo a mi padre y a nosotros. Nos miramos y después de un momento muy breve volvimos a sonreír.
Lo que hubiera sido ya había pasado, estábamos cansados para averiguar que fue puesto que ya era muy tarde y nos preparamos a dormir.
Nosotros teníamos la costumbre de dormir todos juntos en gran cuarto, a pesar de que cada uno tenia su propia cama, de esta forma manteníamos una unión muy fuerte y eso nos permitía conversar hasta muy tarde. Me dicen que el la sierra de nuestro país las costumbres son parecidas.
Mi padre desde muy joven sufría de una enfermedad respiratoria y siempre estábamos preocupados por el. El frío le hacia mal y esta noche era particularmente fría, por ello para abrigarlo hicimos que todos durmiéramos muy juntos, juntamos las camas más de lo que usualmente hacíamos.
Yo tenia a mi padre durmiendo muy cerca y por alguna razón sentía que lo había extrañado mucho, lo abrase con fuerza y pense:
"Mi padre, te quiero mucho papá".
Fue en ese momento y sin previo aviso cuando el ruido del motor y las luces regresaron.
Mi padre se levanto de golpe, a pesar de tener el cuerpo adolorido y delicado.
"El frío le hará mal —pensé— ¿Habra llegado algún camión a la puerta de la casa?".
Así que me levante junto con el y fuimos a ver que era ese extraño ruido el cual era más fuerte que antes, aunque las luces eran menores o bien se sucedían con menor continuidad.
Mi padre y yo fuimos los únicos en levantarnos. Mi madre y mi hermano continuaban durmiendo. Bueno es normal, mi padre nos protegía a todos y yo era su hijo mayor, por lo cual debería cuidar también de ellos. En ese momento pensé en lo parecido de aquel sentimiento de protección cuando me decía que tenia que cuidar a una amiga, ala cual aprecio mucho. Su nombre es Sofía.
Me percate algo en ese instante. Yo no le había hablado a mi papá nada acerca de Sofía, en realidad no recordaba haberlo hecho. Era algo muy extraño.
Me propuse por la mañana le contare acerca de una chica que recibió revelaciones de Dios y que habla cosas muy bonitas y de dimensiones, hadas, etc. Mi papá se emocionara al saberlo. ¿Como es posible que habiendo pasado un año no haya hablado con mi padre sobre ella?. Era un pensamiento que me dio una extraña sensación.
Mis pensamientos volvieron a enfocarse hacia el ruido de la calle. Mi padre y yo avanzamos hacia la sala. Estaba tan maltratada y gris como siempre. Nos acercamos a la puerta de madera, mi padre se adelanto a abrirla, más yo me puse en su delante para evitar que el frío de la noche le diera de lleno.
Salí por delante de el y llegue hasta nuestra acera, ahí me detuve a observar.
En la calle del frente había una reunión de algunos vecinos y en su puerta estaban dos motos de la policía nacional, ambos con los motores encendidos y hacían mucha bulla.
El misterio estaba resuelto, eso me alegro. Las motos se fueron y el ruido se acabo, gire sobre mi mismo y vi a mi padre detrás mío. Observe su rostro por un instante, vi sus ojos grandes y oscuros. Tenia mucha paz.
Mi padre sonrío al ver lo que había provocado todo el escandalo. Habra pensado que éramos un par de tontos. Nos miramos, sonreímos al ver que no había nada de que preocuparse y caminamos hacia la puerta de la casa. Al intentar mi padre cruzar el humeral de la puerta, nuestra gata "Xica" se interpuso en su camino.
— Michi micho, lindo michito —mi padre le dijo— ¡Que lindo gatito panzón!.
— Papá es Xica, y es gata, nuestra gata —replique—¿Que no te acuerdas de ella?.
Entonces me perdí en mis pensamientos. Mi padre no se acordaba de Xica. Vivimos con ella un año y camina por toda la casa. Sumado a lo extraño de no haberle hablado de Sofía, convertía a todo esto en algo que comenzaba a perturbarme.
Regresamos a dormir, apagamos las luces y me puse a pensar. ¿Porque habría de preocuparme todas esas cosas?, Si todo esta bien.
De pronto sentí un movimiento, el cual sacudió mi cuerpo al mismo tiempo que el ruido del motor y las luces regresaron. Una vez más.
Y Entonces desperté.
Estaba descansando en el asiento de un bus-cama en un transporte interprovincial en pleno viaje. Recordé entonces que estaba viajando a Chiclayo.
¡Aja! este es el ruido del motor —recapacite— y las luces amarillas que nos cegaban eran las luces del camino, debido a que no había cerrado la cortina.
El misterio estaba resuelto, eso me alegro. Las motos se fueron y el ruido se acabo, gire sobre mi mismo y vi a mi padre detrás mío. Observe su rostro por un instante, vi sus ojos grandes y oscuros. Tenia mucha paz.
Mi padre sonrío al ver lo que había provocado todo el escandalo. Habra pensado que éramos un par de tontos. Nos miramos, sonreímos al ver que no había nada de que preocuparse y caminamos hacia la puerta de la casa. Al intentar mi padre cruzar el humeral de la puerta, nuestra gata "Xica" se interpuso en su camino.
— Michi micho, lindo michito —mi padre le dijo— ¡Que lindo gatito panzón!.
— Papá es Xica, y es gata, nuestra gata —replique—¿Que no te acuerdas de ella?.
Entonces me perdí en mis pensamientos. Mi padre no se acordaba de Xica. Vivimos con ella un año y camina por toda la casa. Sumado a lo extraño de no haberle hablado de Sofía, convertía a todo esto en algo que comenzaba a perturbarme.
Regresamos a dormir, apagamos las luces y me puse a pensar. ¿Porque habría de preocuparme todas esas cosas?, Si todo esta bien.
De pronto sentí un movimiento, el cual sacudió mi cuerpo al mismo tiempo que el ruido del motor y las luces regresaron. Una vez más.
Y Entonces desperté.
Estaba descansando en el asiento de un bus-cama en un transporte interprovincial en pleno viaje. Recordé entonces que estaba viajando a Chiclayo.
¡Aja! este es el ruido del motor —recapacite— y las luces amarillas que nos cegaban eran las luces del camino, debido a que no había cerrado la cortina.— Ahora ya comprendo Papá —hable en la oscuridad— Ahora se el porque no sabias nada de nuestra gata "Xica", ni el porque no te había hablado de Sofía en todo este ultimo año.
— Es porque tu falleciste, hace tres.
Hernán Villalta — Eriador Eriol
Guardián del Alba,
Montaraz de las tierras del norte
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