En un lugar apartado, muy lejos de ruidos y otras molestias se la ciudad, se levanta una pintoresca obra de barro.
Una casita linda, algo torpemente construida por las manos de uno de sus jóvenes habitantes.
La casa se encuentra sobre una loma, cubierta de verdor primaveral, alta como un molino con tejas rojas y un balcón la segunda planta.
"¡Valla casa!", dirían las abuelas: "Es muy diferente a lo usualmente solemos construir".
Es una casita nada presuntuosa, pero no deja de tener una belleza que logra atrapar al caminante o viajero que osa verla por aquel paraje de serranía.
Atrevidamente dominanba el paisaje bajo los cielos azules y adornados de blancas nubes.
La altura de pendiente hace que el balcón se vea muy elevado y al estar contra el el cielo azul enmarca el sueño perfecto de arco iris nacientes.
Si han leído alguna vez "El Principito" sabrán que las casas son bellas si las aprecias por su hermosura y simpleza.
Una música mágica envuelve la casa, música clásica aveces y otras melodías instrumentadas, la vida habita en la música que se desprende y se derrama hacia el prado. Las flores que cubren el balcón danzan cada mañana al compás de la música angelical.
¡Ah! que recuerdos dormidos, sueños de helados y utópicas vidas. Eso es la casa del campo.
Fue construida con todo el amor de su habitante —el joven— y lo hizo para la doncella que habita en la segunda planta.
Ella a horas de la mañana se despierta con los primeros rayos de sol, para luego asomare a su balcón, hecho con barandillas de cerezo, los que aun desprenden el aroma de la madera joven.
Cada amanecer el sol se enamora del reflejo de su luz sobre los cabellos castaños de la joven.
Es un ángel contra el cielo azul del campo. Ella logra demorar al sol en su paseo diario por el cielo. La doncella arroja un pañuelo de su balcón, señal para que el sol se lo regrese trepando por el balcón.
El sol llora al no poder darle el pañuelo, más otro día vendrá. La doncella no se rinde y el sol no pierde la esperanza de ser cortes con tan elegante docena.
El día de los dos jóvenes empieza de esa manera. Ella baja descalza por la loma, saluda y agradece al aire, al campo y a los arboles.
El joven por su lado prepara el desayuno. Frutas, legumbres y otras cosas que intercambian con la amable gente que habita en los alrededores. El cocina y se dedica a la casa, para que la doncella pueda brincar entre las nuevas flores que cada día crecen en el campo.
El pueblo más cercano esta a tres horas de camino, por lo cual las bicicletas son el medio más fácil para trasladare por el camino afirmado.
La vida transcurre entre días de aventuras y días de paz, no hay día que no caminen ambos jóvenes a través de las praderas y se alejen mucho.
Algunas veces ambos se ponen a ver la puesta de sol, ambos sentados en unas sillas hechas de troncos viejos de árbol.
La doncella una vez al mes lleva una espada, con la cual marca el suelo en señal de una unión eterna con la naturaleza. Ella es el enclave con la madre.

La gente de la ciudad de Lima -de donde ambos jóvenes provienen- nunca entendieron el porque abandonaron la vida de metrópoli. El perdió su trabajo y ella la universidad. "Están locos" la gente les dicen, más eso es lo que menos les importa.
Algunos chicos de ciudad le bromearon al joven con la picara idea afirmando que el construyo la casa para poder lograr vivir a solas con la doncella. Pero todos ellos se equivocan. En los años que ellos dos viven juntos, el joven nunca la trato como pareja y ella igualmente no lo ve a el tampoco de esa manera. Más se puede afirmar que existe algo en sus vidas que los une más allá del tiempo y el espacio. Si un día se entregan el corazón el uno al otro, no le extrañaría a ninguno de ellos, más lo que ellos están construyendo esta por encima de inquietudes de aquellos que viven dormidos ilusión.
La vida les tiene preparado grandes sorpresas y muchas cosas bellas.
Es un cuento hecho realidad. Ambos son dueños de su propio castillo hecho de barro, hecho de tejas rojas, con un balcón, un hogar hecho de felicidad.
Los hechos se construyen a medida que los sueñas.
Hernán Villalta — Eriador Eriol
Guardián del Alba,
Montaraz de las tierras del norte

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