viernes 17 de junio de 2011

El tren de sueños (Parte II)

El bosque y el fénix

Después de despedirse de la doncella de cabellos resplandecientes el maquinista ingreso a un bosque cercano, para charlar con los arboles.

Era conocido por todos los arboles que fue el quien evito la muerte de muchos compañeros. Por ello le contaron muchas historias de aliento. Pero aun así en la primera semana todo fue confuso en su mente, pues había dejado abandonado sus preciados sueños y por primera vez en su vida no cargaba peso, ni conducía una locomotora.

Los arboles lo condujeron hasta una cabaña oculta en el bosque donde habitaba una chica de caperuza púrpura. Fue alimentado y recibió abrigo, pero aunque no consiguió despejar el laberinto de su mente si logro sentirse mejor.

La chica de la caperuza púrpura le contó que en lo profundo del bosque había visto hace mucho, cuando era niña, una vieja locomotora muy pero muy antigua sobre la cual nadie sabia como llego ahí, ni de donde.

El maquinista emprendió la marcha. Los arboles le guiaron al centro mismo del bosque. Poco antes de llegar necesito mirar hacia atrás y vio a la chica de caperuza púrpura quien lo había seguido sigilosamente.

- ¿Que haces acá? —pregunto el maquinista- Estas muy lejos de tu casa.

- Vine a traerte unos panecillos que yo misma hice... para ti. -dijo la chica- te harán falta.

Fue un bonito gesto que el maquinista no rechazo y se llevo con el los panecillos. Por cierto eran una delicia.

Desde ahí el maquinista siguió solo su camino y un noche llego a divisar la silueta de un maquinaria. Muy vieja y llena de oxido ante el yacía una locomotora como el solo había visto en fotos antiguas.

De pronto una luz surgió de la chimenea. Esto lo sorprendió pues no podía tener calor el horno sin que nadie lo alimentara.

Entonces surgió una hermosa ave, sus alas eran fuego y el fuego ilumino el interior de la máquina expulsando rayos hacia todos los lados atraves de sus grietas.

Era un ave fénix, como no había hace miles de años.

- Maquinista, ¿Donde esta tu máquina y tus carga de sueños? -hablo el fénix- Porque eso es lo que eres... ¿no?, un maquinista.

- Si lo soy -hablo el maquinista- y de los mejores. He conducido más de 30 vagones y más de la mitad llenos de sueños llenos de vida de arboles. Pero se destruyo todo y los deje abandonados en un prado a merced del corazón de una doncella. Ella decidiría si quiere llevarlos con ella o no. Estoy muy triste por ello. Son sueños hermosos y no deberían perderse. Muchos harían la guerra por ellos.

- ¿Eso es lo que te tienen triste y ha hecho que vengas hasta acá? -pregunto el fénix- Te diré una cosa, los sueños son fuego, queman, dan vida y renacen como yo, ¡como el FENIX!.

Si no los sabes llevar te quemaran y caerás a un abismo, aprende que por más bellos que sean ellos se convertirán en tu perdición si no sabes manejarlos. No te preocupes por ellos, los sueños renacen no mueren jamás. Si son buenos te seguirán y te harán volar.

Entiende no tienes porque cargar tanto peso. Los sueños regresaran si son buenos. Ningún maquinista debe estar condenado a llenar su vida de vagones y vagones de sueños sin repartir. Dejadlos ir, lo que importa son los sueños que crees a partir de hoy. No te preocupes por los antiguos. Repito, los buenos sueños regresaran. Serán parte de tu futuro y no de tu pasado.

Diciendo esto el Fénix se ilumino como el sol y entro al interior de la oxidada máquina encendiendola en el acto y poniendola en marcha.

De pronto la vieja locomotora se convirtió en una pieza brillante con un escudo de fénix reluciente.

El maquinista subió a ella y comprobó que era real. Todo estaba nuevo y funcionando. La locomotora más formidable que haya existido para repartir los sueños.

El maquinista puso en movimiento la locomotora que ya tenia un vagón nuevo con unos sueños recien creados. Los arboles le hicieron a un lado y le abrieron camino a la deslumbrante máquina.

El maquinista esta de vuelta. De regreso para soñar...

El final aun no esta escrito. Menos aun para un ave fénix.

Hernán Villalta — Eriador Eriol

Guardián del Alba,

Montaraz de las tierras del norte